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La poesía comunica

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En su ensayo La poesía comunica, Samir Muñoz Godoy (poeta chileno residente en Buenos Aires) lanza una réplica a la idea de que el poema no comunica, sino que opera sobre el lenguaje al margen del significado. Muñoz Godoy advierte en esta postura —tan extendida en talleres y academias— un elitismo velado que, al sacralizar la incomprensión, expulsa al lector y aísla peligrosamente al poeta de su entorno social.


El problema de tener una mente abierta es que la gente insiste en entrar y poner sus cosas dentro” – Sir Terry Pratchett

Me encontré contrariado por este fragmento de una entrevista a Mario Montalbetti por Julián Berenguel y Julián Forneiro

[JB y JF]: ¿La poesía comunica?

[MM]: Hay un sentido banal en el que “todo comunica”, el fútbol, un viaje a la playa, el aleteo de un colibrí… y entonces ¿por qué no un poema? Pero, no. El trabajo de la poesía no es comunicar. ¿Por qué? Porque el poema es una forma de pensamiento que no se basa en transmitir información sobre objetos. Ni, estrictamente hablando, en producir conocimiento. El poema descree tanto de los objetos como de com-prenderlos; si algo, trata de hacer es des-prenderlos. El poema trabaja con establecer flujos, circulaciones de algo que podríamos llamar sentido. No significado. Los significados siempre están atados a los objetos. Sino sentido, dirección. Por eso, creo que en un poema lo que dices no es tan importante como lo que le haces a la lengua. Todavía nadie sabe qué fue lo que dijo Vallejo en Trilce, pero sabemos qué le hizo al lenguaje. Y el lenguaje no volvió a ser el mismo.

Sé que una cita no completa un pensamiento. Pero bueno. A una palabra la sigue otra palabra y todo enunciado direcciona al pasado y al futuro de lo dicho.

Comenté mi desacuerdo y me respondió Daniel Freidemberg, muy amable1. Me hizo pensar en porqué esas palabras me molestan un poco, como cuando uno ve a alguien doblando sin poner el señalizar y todo frenan brusco, demorados. Obviamente, no es nada personal con Montalbetti, sino con su discurso.

Advierto que “todo comunica” (…) y entonces ¿por qué no un poema? Pero, no. El trabajo de la poesía no es comunicar” lo entiendo como como “El poema no comunica porque el trabajo de la poesía no es comunicar“. Si me equivoco contradígame con amor, porque con amor digo.

En un momento había que bajar la poesía de un altar de sacralidad y elitismo de comienzo de siglo pasado. Ese altar también decía algo como “sos vulgar/ inculto/ pobre, no vas a entender”. La respuesta hallada por los rebeldes, artísticos y díscolos fue “está bien no entender” y buscar luego el por qué. Y el motivo que se hizo más económico fue “la poesía no comunica” (o no quiere o no es su intención).

La bonhomía era querer que nadie tuviera el acceso negado a la poesía; es decir, que eso que se presentaba como difícil u oscuro había que declararlo un arte accesible de alguna manera, aunque fuera desesperada. Porque es irónico: por querer que la poesía fuera comprensible para todos declaramos que no hay nada que comprender.

Ironía adicional, esto es posible por la propia subestimación que buscaría enfrentar: partimos del “vos no sos capaz de entender qué comunica esta cosa liviana, alada y sagrado del poeta” para llegar a “esta cosa liviana, alada y sagrado del poeta no quiere comunicar nada”. Que “la poesía no comunica” o “la poesía no hay que entenderla” termina siendo la ropa amable de un elitismo que aleja a la poesía de los lectores 2.

Hay que estar enamorado o engrupido para hacer caso a palabras incomprensibles, y en ambos casos la relación no va a funcionar. Podríamos llamar a la incomprensión como la dirección de infelicidad del poema (estos nombres tienden a gustar en ciertos ámbitos, son un bello ejercicio también).

Desde ese enunciado, “la poesía no comunica”, se ha construido la comprensión actual. Es lo que está bien decir, lo que he escuchado más de una vez. Sirve para seguir de largo sin contratiempo ni compromisos: en los talleres, para sacar de problemas a un colega; en conversaciones, para disculpar a la mala poesía; en capacitaciones docentes, para plagar el infierno de buenas intenciones.

Así ha comprendido la poesía la generación educada que nos procede y que se ha insertado en el sistema educativo, primario, secundario y superior. A los lectores de la actualidad se les ha dicho “la poesía no comunica, no tienes nada de entender”. Se los ha educado en la dirección de infelicidad del poema.

Hablar de poesía se trata entonces más de justificar por qué la poesía no comunica y de ahí, la evolución: decir qué te hace sentir el poema, lo que solo habla de vos mismo y lo especial que sos. La poesía no comunica y entonces yo puedo interpretar, y por lo tanto esa lectura es lo único que aparece legítimo de ser comunicado. Un narcisismo del lector. No se invita a hacer el ejercicio cognitivo de leer el poema, de acercar las mentes.

Para poetas, obviamente, debe ser plácido que pocos se interesen en lo que dicen porque pocos entienden lo que hace. No importa lo que hagan. No hay nada que interpretar. No hay nada que comunicar. Es fácil y cómodo cuando no es producto de tierra arrasada y causas perdidas (podríamos llamar a esta doble posibilidad por un mismo nombre: tragicomedia del poeta). Un poeta incomprendido, que ya no puede comunicar nada, es un poeta libre de cualquier atadura a su presente, su gente, su historia, su cultura, o como queramos llamar a ese centro gravitatorio que mueve al poeta a hacer con la lengua que le ha tocado.

Poetas troyanos
ya nada de lo que podía ser vuestro
existe

Ni templos ni jardines
ni poesía.

Sois libres
admirables poetas troyanos

Roberto Bolaño

La poesía que busca ser incomprendida solo hereda un tiempo perdido, o peor, un derrota. Una cultura trunca. Inventar artilugios para renunciar a que una persona puede ser educada en la poesía y que eso conlleva aprendizaje, comunicación, comunidad compartida; renunciar a que la poesía comunique es renunciar a una cultura poética; y también, expulsar al poeta de lo social3.

Ahora bien, hay un artilugio en esta cita de Montalbetti cuando define “comunicación” como “transmitir información sobre objetos” (!) 4. Esa es la petición de principio que permite construir el resto de discurso. Para mi, esa definición bebe de la buena intención del estructuralismo de mitad de siglo pasado, creo que está pensando en la “función referencial”. Usarla a esta altura es atarse los pies antes de comenzar a hacer el ejercicio de pensar. A simple vista, noto que carece de pragmática, es decir, de asumir que existe el uso del lenguaje (por eso, obviamente, “el poema” es el sujeto de la acción en las frases de Montalbetti, y nunca “el poeta”, como si no hubiera un humano de por medio 5).

En primera medida, cuando escribimos poesía elegimos escribir algo: eso ya es un indicio de una intención (y actualmente se acepta como virtuoso “mi intención es ser incomprendido”; tragicomedia del poeta). Pero la comunicación es una acción de realizar estímulos lingüísticos y que otro pueda reconocer su relevancia (sí, estoy pensando en Sperber y Wilson) 6. Lo que comunicamos son contenidos mentales, es decir, nuestras representaciones internas en tanto ser vivo y cognitivo, nuestros pensamientos, creencias, deseos, sentimientos e intenciones7 . El lenguaje es telépata: pone en contacto dos mentes. La comunicación es la transmisión posible de la mente de una persona a otra.

Renunciar a que la poesía comunique es renunciar al lenguaje.

Renunciar a que la poesía comunique es renunciar a la humanidad.

Y así nos va 8.


  1. Ahí podrán ver que se celebra la opinión de Montalbetti. O es la opinión aceptada actualmente sobre la poesía o pasa que a nadie le importan tanto estos temas como para ponerse a desacordar. A mi me importan, por cierto ↩︎
  2. Nota aparte y para otro día, los ideologemas de “hay que enseñar la poesía en la cumbia o el rap que es lo que le gusta a los adolescentes” como si un adolescente fuera incapaz de gustar de, por ejemplo, José de Espronceda, Idea Vilariño o Jorge Teillier (o que fueran entes especiales los jóvenes que llegaran a gustar de tal cosa) ↩︎
  3. Me gusta todavía T. Adorno ↩︎
  4. Creo que esto fue lo que me molestó en primera instancia, ay de mi malhumor ↩︎
  5. Ni gente, ni motivos… ni responsabilidades. La muerte del autor como un campo yermo y pisoteado ↩︎
  6. Aunque también creo que puede entenderse a la manera de Searle, si es que a alguien le gusta más eso. Creo que esta forma de comprensión era el sentido profundo que había en la educación escolar en poesía de comienzos de siglo pasado donde el género era un saber docto, lejano e impuesto (el infierno está plagado de buenas intenciones, siempre). La poesía como todo acto comunicativo está vinculados a reglas. La poesía comunica en tanto reconocemos esas reglas, y esas reglas pueden ser explicitadas para poder ser incorporadas en la práctica lingüística del hablante. Se puede enseñar a entender la poesía porque la poesía es un acto comunicativo. Por cierto, hablo de reglas constitutivas. ↩︎
  7. Acá podrían ir una lista más larga de términos pero creo que todos sabemos a qué cosas me refiero porque está pasando ahora mismo dentro tuyo ↩︎
  8. Si la cita dijera “no busco con mi poesía comunicar” o “mi trabajo como poeta no es la comunicación” sería una definición propia y particular, que depende lo que Montalbetti quiera hacer con sus poemas. Pero se habla de “el poema”, de una definición válida para la poesía en general como fenómeno lingüístico, independiente de cual poema sea. ↩︎
Samir Muñoz Godoy Avatar

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